Fuera
de Cuba se especula mucho sobre cómo viven sus habitantes. De ahí que la
mayoría de los que visitan la isla por primera vez se sorprenda agradablemente
y los menos, quizás se decepcionen.
Los que
viven esta realidad enfrentan cotidianamente las penurias de un país en
desarrollo, que ostenta altos índices de salud y educación, pero se sitúa entre
los de más bajos ingresos per cápita del mundo. Para las estadísticas
internacionales, sólo cuentan los ingresos por salarios recibidos y no se
agregan otros beneficios como los servicios de educación y atención médica, que
son gratuitos, subsidios de algunos alimentos de la canasta básica y
medicamentos.
No sólo
la idiosincrasia del cubano muestra el impacto de lo real maravilloso. El
término acuñado por autores y pintores de esta Isla se hace evidente en todos
los ámbitos de la sociedad.
Por
ejemplo, no hay suficiente producción nacional de alimentos, los precios de
éstos son altos y son bajos los ingresos, pero las autoridades sanitarias se
quejan del aumento de la obesidad entre los cubanos. Claro que la explicación
está en hábitos alimenticios no saludables apoyados por falta de recursos para
cambiarlos, con la compra de más frutas y vegetales, describiéndose así un
círculo vicioso.
Las
tiendas, incluyendo las de venta en divisas, padecen un notorio
desabastecimiento y, sin embargo, la mayoría de los habitantes de este país se
viste a la moda, aunque la ropa y el calzado no sean de marca ni de buena calidad.
Quizás
porque nada es lo que parece en este país, sus enemigos no han logrado
descifrar el código interior que mueve a los cubanos.
El
desarrollo de Cuba, en el último medio siglo, podría decirse que se ha ido casi
todo para el cerebro de sus habitantes. El boom de la biotecnología, los
biofármacos y la formación de profesionales de alta calificación han convertido
el quehacer científico y los recursos humanos en los rubros exportables más
valiosos de la economía.
Ahora
hasta los más humildes puestos de trabajo requieren en su nomenclatura que el
empleado tenga vencido un nivel de 12
grados o bachillerato. Por el nivel educacional y altos índices de salud, así
como el desarrollo de su cultura, Cuba podría considerarse un país del primer
mundo.
Sin embargo,
sus avances en algunas ramas descuidaron
otros sectores muy importantes. La tierra, fértil y pródiga, no produce
suficientes alimentos ni en el surtido necesario para nutrir adecuadamente a
los cubanos. Por ese motivo, el país debe gastar anualmente casi dos mil
millones de dólares en importación de alimentos.
Si se
añaden otros dos mil millones de la factura petrolera, la cantidad deja un
estrecho margen para otras importaciones, cuyo total supera el de las
exportaciones.
Con la
elevación de la escolaridad, ha ido descendiendo la tasa de natalidad, al punto
que en los próximos años serán más los ciudadanos que abandonan la edad laboral
que los que se incorporan a ella. Problemas económicos como los bajos salarios
y la falta de vivienda también influyen.
El alto
déficit de viviendas se une al estado de regular a malo en que se encuentra el
80 por ciento de los espacios habitables, sobre todo en la ciudad de La Habana.
La
actualización del modelo económico cubano, que carece de otra denominación por
ser una mezcla de objetivos socialistas y algunos mecanismos de mercado, ha
mantenido bajo el nivel medio salarial que alcanza cada vez menos a cubrir el
alza de precios de productos y servicios.
Economistas
concuerdan que tampoco es aconsejable el aumento de salarios mientras exista
déficit en la producción nacional de alimentos y artículos de primera necesidad
y persista un bajo índice de productividad. Otros especialistas, sin embargo,
favorecen el incremento de salarios para
interesar más al trabajador e incrementar la producción.
La
salida dada en el corto plazo a esta situación fue una mayor apertura a la
iniciativa individual y cooperativa, en la agricultura, el comercio y los
servicios. El sector público, entretanto, está llamado a adelgazar en un millón
o más puestos de trabajo, proceso que empezó desde 2011.
La
eliminación de esas plazas en el sector estatal da la opción a sus antiguos
ocupantes de recalificarse en otro trabajo o pasar al sector privado, en forma
de cooperativas o empleos por cuenta propia, que ya ocupa a más de 436 mil
personas.
La
dieta del cubano ha evolucionado, sobre todo entre los de más altos ingresos,
hacia una alimentación más racional, que incluye más frutas y vegetales,
productos que, en proporción, son más caros que las carnes.
Para
los de más bajos ingresos, la dieta ha derivado sin remedio hacia la comida
menos nutritiva como pizzas, pastas, hamburguesas y otras frituras callejeras,
que exceden los niveles aconsejables de grasa, sal y azúcar. El huevo, el arroz
y los frijoles son la fuente principal de nutrientes para el segmento más
desposeído de la población.
Azúcar
es otro elemento del cual se abusa. En Cuba se consumen unos 57 kilogramos per
cápita al año, uno de los más altos del mundo.
De ahí
el alto índice de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión que se
registra en el país. Es cierto que las comparaciones que habitualmente se hacen
de Cuba, omiten la realidad que es un país pequeño, pobre y sometido a las
presiones del bloqueo de Estados Unidos desde hace más de medio siglo.
No se compara a Cuba, incluso entre los nacionales,
con países de recursos y condiciones similares. Al convertir a dólares
estadounidenses el salario de los cubanos, no se tienen en cuenta los servicios
gratuitos y de acceso universal que recibe la población, como la salud y la
educación, sea cual fuere su posición económica.
Por
otra parte, aunque está llamada a desaparecer en un plazo más breve que largo,
la distribución mensual de alimentos subsidiados o “libreta de abastecimiento”
que ya cumplió 50 años de creada, es el salvavidas de los consumidores más
pobres.
Las
asignaciones por esta vía alcanzan para comer unos 10 a 12 días. Luego queda la
opción a los consumidores de acudir al mercado agropecuario, que ahora dejó de
ser estatal, ya que todos pasaron al régimen de precios por oferta y demanda.
Por
otra parte, ha resultado vergonzoso para dirigentes cubanos reconocer que
países como Vietnam, devastado su territorio por una guerra y por productos
químicos como el napalm y el agente naranja, hoy esté entre los primeros
exportadores de café y arroz del mundo, desarrollo alcanzado con colaboración
de Cuba.
Otros
países del Caribe, América Latina, Africa y Asia agradecen a científicos
cubanos sus investigaciones sobre caña de azúcar y otros cultivos, que
aplicados en esas naciones han tenido sorprendentes resultados. A pesar de esas
evidencias, las investigaciones científicas cubanas no son aplicadas en la Isla, a veces por falta de
visión de futuro u obstáculos burocráticos.
El promedio
salarial del cubano, según datos oficiales, se situaba en 2011 en unos 455
pesos cubanos (equivalente a 18.25 USD). Entre los médicos, el promedio
salarial es de unos 600 pesos (23 dólares), al que se agregan incrementos según
el nivel de formación, grados científicos y la categoría de las instituciones
sanitarias.
Los oficios mejor pagados incluyen al de la
construcción, con el sueldo básico más alto del sector estatal, de 566 pesos
(unos 22.50 dólares). Los periodistas ganan como promedio entre 450 y 500
pesos. Este nivel salarial, aunque algo superior al promedio nacional, no
alcanza a cubrir los gastos de una persona, mucho menos de una familia de
cuatro.
Cálculos realizados en 2007 por economistas locales
situaban en mil 200 pesos el costo de la canasta básica o artículos y servicios
de primera necesidad. Este nivel de ingresos sólo lo reciben en 2013
cooperativistas agrícolas, obreros de industrias que cobran a destajo,
arrendatarios y trabajadores por cuenta propia.
En el caso de la vivienda, los cubanos pueden tener
casas rentadas al Estado o propias. En el primer caso, las tarifas equivalen al
10 por ciento del salario de la persona a cuyo nombre está asignado el
inmueble, pero la proporción de personas que hoy son propietarios de su
vivienda aumentó significativamente hasta convertirse en la mayoría.
Como se deduce de lo anterior, los ingresos de los
cubanos casi en ningún caso cubren los gastos de alimentos y vivienda. ¿Y dónde
quedan los acápites de ropa, calzado y recreación?
Ahí entran a jugar los que reciben pagos en Pesos Convertibles como en el sector del
turismo, entradas por otros empleos, trabajos por cuenta propia y “la lucha”,
cubanismo que designa las formas ilegales de ganarse la vida, así como las
remesas de familiares y amigos en el exterior, que cálculos extraoficiales
estimaban en 2011, en unos mil millones de dólares anuales.
Sustento
espiritual
El cubano podrá carecer de comida y bienes
materiales, pero es generador ilimitado de alimentos para el espíritu como la
música, el arte y el humor. Hasta el menos fanático de ese menú recuerda con
cariño canciones que cantaban sus padres y sus abuelos, en la adolescencia tuvo
temas que lo acompañan todavía hoy como señales de amores y amigos
inolvidables, así como un extenso refranero renovado por cada generación.
En lo personal, asocio a mi padre con la canción
que empezaba así: “En el tronco de un árbol una niña…” y el repertorio del Trío
Matamoros, mientras las melodías de “Los Chavales de España” eran las
preferidas de mi madre.
Por mi parte puedo identificar etapas de mi vida
con la música que estaba de moda. A mi regreso de Estados Unidos, aprecié cómo
se extendió la preferencia de la juventud por el rock and roll, aunque a la
hora de bailar se mantenía fiel a la Orquesta Riverside,
el Cha-cha-chá de Enrique Jorrín y la orquesta Aragón. El bolero hizo estragos
entre los enamorados, con el chileno Lucho Gatica, Lino Borges, Laíto y Ñico
Membiela.
El movimiento del “feeling” acaparó desde mediados
de los 50 los espacios radiales y televisivos con José Antonio Méndez, los cuartetos “Las d´Aida”, el de Meme Solís y
solistas como Fernando Alvarez y el dúo de Clara y Mario.
A la hora de bailar, sin embargo, el estilo Casino
se impuso, sobre todo entre grupos de barrio, con coreografías, siguiendo el
ritmo de orquestas como la
Aragón, Jorrín y la Riverside. Los carnavales de 1964 ya vieron en
pleno, pero no muy duradero auge, a Pello el Afrokán y su ritmo Mozambique.
Al final de esa década recuerdo que se destacaron
las canciones de Camilo Sexto, Nelson Ned y Roberto Carlos. De este último, Blanca Palidez marcó mi noviazgo con
Gastón. En ese tiempo se hizo famoso el twist
difundido por los Beatles, cuarteto británico llamado a revolucionar la música
popular en todo el mundo, aunque en Cuba sus temas fueron marginados de la
radio, televisión y centros nocturnos por una política oficial equivocada.
Ya en los 80 este rechazo había sido aplastado por
la realidad y se apoderaron de la preferencia juvenil además de los Beatles,
los jamaicanos Boney M, Bob Marley y su auténtico reggae, los suecos Abba, Kool
and the Gang, Madonna y Michael Jackson de Estados Unidos.
Pero la crónica bailable de lo sucedido en medio
siglo en Cuba fue compuesta por las agrupaciones del holguinero Juan Formell y
los Van Van, Adalberto Alvarez y su Son 14, entre otros, con los dicharachos
populares de la época.
Estandartes de cinco décadas de Revolución fueron
las canciones de la Nueva Trova, surgida
en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y protegida por Haydée
Santamaría y Casa de las Américas. Nacidos del proceso revolucionario, estos
jóvenes engendraron la canción comprometida con su tiempo, aunque fueron
rechazados por temores políticos infundados en sus inicios. Como fuego por la
pradera, expandió las ideas del cambio por todo el continente.. Los nombres de
Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, los ya desaparecidos Noel Nicola, Sara
González y Santiago Feliú, junto a los más recientes Polito Ibáñez, Israel
Rojas con Buena Fé, Juego de Manos, entre otros, se unieron a la frescura y
candidez campesina de Polo Montañez y Arnaldo y su Talismán o el humor contra
lo mal hecho de Virulo.
El cine, con su impacto visual, unido a bandas
sonoras reconocidas hasta hoy como las de los filmes Lucía y Clandestinos,
también dejaron su huella imperecedera en el quehacer artístico nacional. Fresa y Chocolate (nominada para Mejor
Filme Extranjero en los Oscar de fines del siglo pasado), Se Permuta, Los Dioses Rotos,
Viva Cuba y la más reciente Conducta muestran los conflictos morales
y división de las familias que enfrenta un proceso como el cubano.
El Festival del Nuevo Cine Latinoamericano es polo
de atracción de los protagonistas del Séptimo Arte no solo de la región, sino
de Europa y Norteamérica. El turismo cultural florece también con los
Festivales Internacionales de Ballet, atraído por la fama de Cuba en la danza y
la coreografía.
El arte escénico tiene igualmente un lugar
destacado en las opciones escogidas por
el público para su entretenimiento. Compañías de muchos países participan en eventos que ya se han hecho imprescindibles
como Mayo Teatral o el certamen de Monólogos.
El humor proverbial del cubano ha enfrentado no
pocos escollos y persecuciones para llegar a un público donde esta expresión
artística es la más gustada. El humor político, tan apreciado antes de 1959, tuvo
que camuflarse para evadir la censura en escenarios humorísticos.
El personaje más popular en la década del 60,
Bernabé (Enrique Arredondo), una vez amenazó al nieto en un sketch humorístico
televisivo, que si no se comía la comida, le pondría los muñequitos de palo. Esos
animados que habitualmente pasaban por la televisión, eran de procedencia rusa
y por hacer esa referencia, fue amonestado. Es preciso explicar que la
producción local de dibujos animados era incipiente y los preferidos por la
grey infantil eran los de Walt Disney, muchas veces descartados por la
programación debido a su origen estadounidense. Dos décadas después, este
sector empezó a gozar de más libertad en la crítica a malos hábitos y actitudes
de dirigentes administrativos y ciertos colectivos laborales de los servicios,
a través del programa Deja que yo te
cuente.
Los grupos humorísticos han aumentado, lo que ha
permitido incrementar la oferta de espectáculos en teatros y centros nocturnos.
Sin embargo, no fue hasta ahora que surgió un personaje tan espontáneo y
representativo del humor popular como el Bernabé de los 60-70. Acaparador de la
teleaudiencia del siglo XXI, Pánfilo, interpretado por Luis Daniel Silva, en un
espacio bautizado Vivir del Cuento
acostumbra a introducir bocadillos con todo lo que se comenta en la calle en
esa semana.
Pánfilo tampoco ha estado exento de censura a sus
chistes, pero considero que corren aires más frescos para el humor, quizás la
más eficaz válvula de escape a las insatisfacciones de los cubanos.