miércoles, 12 de marzo de 2014

El sustento de los cubanos


Fuera de Cuba se especula mucho sobre cómo viven sus habitantes. De ahí que la mayoría de los que visitan la isla por primera vez se sorprenda agradablemente y los menos, quizás se decepcionen.
Los que viven esta realidad enfrentan cotidianamente las penurias de un país en desarrollo, que ostenta altos índices de salud y educación, pero se sitúa entre los de más bajos ingresos per cápita del mundo. Para las estadísticas internacionales, sólo cuentan los ingresos por salarios recibidos y no se agregan otros beneficios como los servicios de educación y atención médica, que son gratuitos, subsidios de algunos alimentos de la canasta básica y medicamentos.
No sólo la idiosincrasia del cubano muestra el impacto de lo real maravilloso. El término acuñado por autores y pintores de esta Isla se hace evidente en todos los ámbitos de la sociedad.
Por ejemplo, no hay suficiente producción nacional de alimentos, los precios de éstos son altos y son bajos los ingresos, pero las autoridades sanitarias se quejan del aumento de la obesidad entre los cubanos. Claro que la explicación está en hábitos alimenticios no saludables apoyados por falta de recursos para cambiarlos, con la compra de más frutas y vegetales, describiéndose así un círculo vicioso.
Las tiendas, incluyendo las de venta en divisas, padecen un notorio desabastecimiento y, sin embargo, la mayoría de los habitantes de este país se viste a la moda, aunque la ropa y el calzado no sean de marca ni de buena calidad.
Quizás porque nada es lo que parece en este país, sus enemigos no han logrado descifrar el código interior que mueve a los cubanos. 
El desarrollo de Cuba, en el último medio siglo, podría decirse que se ha ido casi todo para el cerebro de sus habitantes. El boom de la biotecnología, los biofármacos y la formación de profesionales de alta calificación han convertido el quehacer científico y los recursos humanos en los rubros exportables más valiosos de la economía.
Ahora hasta los más humildes puestos de trabajo requieren en su nomenclatura que el empleado tenga vencido un nivel de  12 grados o bachillerato. Por el nivel educacional y altos índices de salud, así como el desarrollo de su cultura, Cuba podría considerarse un país del primer mundo.
Sin embargo, sus avances en algunas ramas descuidaron  otros sectores muy importantes. La tierra, fértil y pródiga, no produce suficientes alimentos ni en el surtido necesario para nutrir adecuadamente a los cubanos. Por ese motivo, el país debe gastar anualmente casi dos mil millones de dólares en importación de alimentos.
Si se añaden otros dos mil millones de la factura petrolera, la cantidad deja un estrecho margen para otras importaciones, cuyo total supera el de las exportaciones.
Con la elevación de la escolaridad, ha ido descendiendo la tasa de natalidad, al punto que en los próximos años serán más los ciudadanos que abandonan la edad laboral que los que se incorporan a ella. Problemas económicos como los bajos salarios y la falta de vivienda también influyen.
El alto déficit de viviendas se une al estado de regular a malo en que se encuentra el 80 por ciento de los espacios habitables, sobre todo en la ciudad de La Habana.
La actualización del modelo económico cubano, que carece de otra denominación por ser una mezcla de objetivos socialistas y algunos mecanismos de mercado, ha mantenido bajo el nivel medio salarial que alcanza cada vez menos a cubrir el alza de precios de productos y servicios.
Economistas concuerdan que tampoco es aconsejable el aumento de salarios mientras exista déficit en la producción nacional de alimentos y artículos de primera necesidad y persista un bajo índice de productividad. Otros especialistas, sin embargo, favorecen el  incremento de salarios para interesar más al trabajador e incrementar la producción.
La salida dada en el corto plazo a esta situación fue una mayor apertura a la iniciativa individual y cooperativa, en la agricultura, el comercio y los servicios. El sector público, entretanto, está llamado a adelgazar en un millón o más puestos de trabajo, proceso que empezó desde 2011.
La eliminación de esas plazas en el sector estatal da la opción a sus antiguos ocupantes de recalificarse en otro trabajo o pasar al sector privado, en forma de cooperativas o empleos por cuenta propia, que ya ocupa a más de 436 mil personas.
La dieta del cubano ha evolucionado, sobre todo entre los de más altos ingresos, hacia una alimentación más racional, que incluye más frutas y vegetales, productos que, en proporción, son más caros que las carnes.
Para los de más bajos ingresos, la dieta ha derivado sin remedio hacia la comida menos nutritiva como pizzas, pastas, hamburguesas y otras frituras callejeras, que exceden los niveles aconsejables de grasa, sal y azúcar. El huevo, el arroz y los frijoles son la fuente principal de nutrientes para el segmento más desposeído de la población.
Azúcar es otro elemento del cual se abusa. En Cuba se consumen unos 57 kilogramos per cápita al año, uno de los más altos del mundo.
De ahí el alto índice de enfermedades cardiovasculares, diabetes e hipertensión que se registra en el país. Es cierto que las comparaciones que habitualmente se hacen de Cuba, omiten la realidad que es un país pequeño, pobre y sometido a las presiones del bloqueo de Estados Unidos desde hace más de medio siglo.
No se compara a Cuba, incluso entre los nacionales, con países de recursos y condiciones similares. Al convertir a dólares estadounidenses el salario de los cubanos, no se tienen en cuenta los servicios gratuitos y de acceso universal que recibe la población, como la salud y la educación, sea cual fuere su posición económica.
Por otra parte, aunque está llamada a desaparecer en un plazo más breve que largo, la distribución mensual de alimentos subsidiados o “libreta de abastecimiento” que ya cumplió 50 años de creada, es el salvavidas de los consumidores más pobres.
Las asignaciones por esta vía alcanzan para comer unos 10 a 12 días. Luego queda la opción a los consumidores de acudir al mercado agropecuario, que ahora dejó de ser estatal, ya que todos pasaron al régimen de precios por oferta y demanda.
Por otra parte, ha resultado vergonzoso para dirigentes cubanos reconocer que países como Vietnam, devastado su territorio por una guerra y por productos químicos como el napalm y el agente naranja, hoy esté entre los primeros exportadores de café y arroz del mundo, desarrollo alcanzado con colaboración de Cuba.
Otros países del Caribe, América Latina, Africa y Asia agradecen a científicos cubanos sus investigaciones sobre caña de azúcar y otros cultivos, que aplicados en esas naciones han tenido sorprendentes resultados. A pesar de esas evidencias, las investigaciones científicas cubanas no son aplicadas en la Isla, a veces por falta de visión de futuro u obstáculos burocráticos.
El promedio salarial del cubano, según datos oficiales, se situaba en 2011 en unos 455 pesos cubanos (equivalente a 18.25 USD). Entre los médicos, el promedio salarial es de unos 600 pesos (23 dólares), al que se agregan incrementos según el nivel de formación, grados científicos y la categoría de las instituciones sanitarias.
Los oficios mejor pagados incluyen al de la construcción, con el sueldo básico más alto del sector estatal, de 566 pesos (unos 22.50 dólares). Los periodistas ganan como promedio entre 450 y 500 pesos. Este nivel salarial, aunque algo superior al promedio nacional, no alcanza a cubrir los gastos de una persona, mucho menos de una familia de cuatro.
Cálculos realizados en 2007 por economistas locales situaban en mil 200 pesos el costo de la canasta básica o artículos y servicios de primera necesidad. Este nivel de ingresos sólo lo reciben en 2013 cooperativistas agrícolas, obreros de industrias que cobran a destajo, arrendatarios y trabajadores por cuenta propia.
En el caso de la vivienda, los cubanos pueden tener casas rentadas al Estado o propias. En el primer caso, las tarifas equivalen al 10 por ciento del salario de la persona a cuyo nombre está asignado el inmueble, pero la proporción de personas que hoy son propietarios de su vivienda aumentó significativamente hasta convertirse en la mayoría.
Como se deduce de lo anterior, los ingresos de los cubanos casi en ningún caso cubren los gastos de alimentos y vivienda. ¿Y dónde quedan los acápites de ropa, calzado y recreación?
Ahí entran a jugar los que reciben pagos en  Pesos Convertibles como en el sector del turismo, entradas por otros empleos, trabajos por cuenta propia y “la lucha”, cubanismo que designa las formas ilegales de ganarse la vida, así como las remesas de familiares y amigos en el exterior, que cálculos extraoficiales estimaban en 2011, en unos mil millones de dólares anuales.
Sustento espiritual
El cubano podrá carecer de comida y bienes materiales, pero es generador ilimitado de alimentos para el espíritu como la música, el arte y el humor. Hasta el menos fanático de ese menú recuerda con cariño canciones que cantaban sus padres y sus abuelos, en la adolescencia tuvo temas que lo acompañan todavía hoy como señales de amores y amigos inolvidables, así como un extenso refranero renovado por cada generación.
En lo personal, asocio a mi padre con la canción que empezaba así: “En el tronco de un árbol una niña…” y el repertorio del Trío Matamoros, mientras las melodías de “Los Chavales de España” eran las preferidas de mi madre.
Por mi parte puedo identificar etapas de mi vida con la música que estaba de moda. A mi regreso de Estados Unidos, aprecié cómo se extendió la preferencia de la juventud por el rock and roll, aunque a la hora de bailar se mantenía fiel a la Orquesta Riverside, el Cha-cha-chá de Enrique Jorrín y la orquesta Aragón. El bolero hizo estragos entre los enamorados, con el chileno Lucho Gatica, Lino Borges, Laíto y Ñico Membiela. 
El movimiento del “feeling” acaparó desde mediados de los 50 los espacios radiales y televisivos con José Antonio Méndez,  los cuartetos “Las d´Aida”, el de Meme Solís y solistas como Fernando Alvarez y el dúo de Clara y Mario.
A la hora de bailar, sin embargo, el estilo Casino se impuso, sobre todo entre grupos de barrio, con coreografías, siguiendo el ritmo de orquestas como la Aragón, Jorrín y la Riverside. Los carnavales de 1964 ya vieron en pleno, pero no muy duradero auge, a Pello el Afrokán y su ritmo Mozambique.
Al final de esa década recuerdo que se destacaron las canciones de Camilo Sexto, Nelson Ned y Roberto Carlos. De este último, Blanca Palidez marcó mi noviazgo con Gastón. En ese tiempo se hizo famoso el twist difundido por los Beatles, cuarteto británico llamado a revolucionar la música popular en todo el mundo, aunque en Cuba sus temas fueron marginados de la radio, televisión y centros nocturnos por una política oficial equivocada.
Ya en los 80 este rechazo había sido aplastado por la realidad y se apoderaron de la preferencia juvenil además de los Beatles, los jamaicanos Boney M, Bob Marley y su auténtico reggae, los suecos Abba, Kool and the Gang, Madonna y Michael Jackson de Estados Unidos.
Pero la crónica bailable de lo sucedido en medio siglo en Cuba fue compuesta por las agrupaciones del holguinero Juan Formell y los Van Van, Adalberto Alvarez y su Son 14, entre otros, con los dicharachos populares de la época.
Estandartes de cinco décadas de Revolución fueron las canciones de  la Nueva Trova, surgida en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y protegida por Haydée Santamaría y Casa de las Américas. Nacidos del proceso revolucionario, estos jóvenes engendraron la canción comprometida con su tiempo, aunque fueron rechazados por temores políticos infundados en sus inicios. Como fuego por la pradera, expandió las ideas del cambio por todo el continente.. Los nombres de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, los ya desaparecidos Noel Nicola, Sara González y Santiago Feliú, junto a los más recientes Polito Ibáñez, Israel Rojas con Buena Fé, Juego de Manos, entre otros, se unieron a la frescura y candidez campesina de Polo Montañez y Arnaldo y su Talismán o el humor contra lo mal hecho de Virulo.
El cine, con su impacto visual, unido a bandas sonoras reconocidas hasta hoy como las de los filmes Lucía y Clandestinos, también dejaron su huella imperecedera en el quehacer artístico nacional. Fresa y Chocolate (nominada para Mejor Filme Extranjero en los Oscar de fines del siglo pasado), Se Permuta, Los Dioses Rotos, Viva Cuba y la más reciente Conducta muestran los conflictos morales y división de las familias que enfrenta un proceso como el cubano.
El Festival del Nuevo Cine Latinoamericano es polo de atracción de los protagonistas del Séptimo Arte no solo de la región, sino de Europa y Norteamérica. El turismo cultural florece también con los Festivales Internacionales de Ballet, atraído por la fama de Cuba en la danza y la coreografía.
El arte escénico tiene igualmente un lugar destacado en  las opciones escogidas por el público para su entretenimiento. Compañías de muchos países participan en  eventos que ya se han hecho imprescindibles como Mayo Teatral o el certamen de Monólogos.
El humor proverbial del cubano ha enfrentado no pocos escollos y persecuciones para llegar a un público donde esta expresión artística es la más gustada. El humor político, tan apreciado antes de 1959, tuvo que camuflarse para evadir la censura en escenarios humorísticos.
El personaje más popular en la década del 60, Bernabé (Enrique Arredondo), una vez amenazó al nieto en un sketch humorístico televisivo, que si no se comía la comida, le pondría los muñequitos de palo. Esos animados que habitualmente pasaban por la televisión, eran de procedencia rusa y por hacer esa referencia, fue amonestado. Es preciso explicar que la producción local de dibujos animados era incipiente y los preferidos por la grey infantil eran los de Walt Disney, muchas veces descartados por la programación debido a su origen estadounidense. Dos décadas después, este sector empezó a gozar de más libertad en la crítica a malos hábitos y actitudes de dirigentes administrativos y ciertos colectivos laborales de los servicios, a través del programa Deja que yo te cuente. 
Los grupos humorísticos han aumentado, lo que ha permitido incrementar la oferta de espectáculos en teatros y centros nocturnos. Sin embargo, no fue hasta ahora que surgió un personaje tan espontáneo y representativo del humor popular como el Bernabé de los 60-70. Acaparador de la teleaudiencia del siglo XXI, Pánfilo, interpretado por Luis Daniel Silva, en un espacio bautizado Vivir del Cuento acostumbra a introducir bocadillos con todo lo que se comenta en la calle en esa semana.
Pánfilo tampoco ha estado exento de censura a sus chistes, pero considero que corren aires más frescos para el humor, quizás la más eficaz válvula de escape a las insatisfacciones de los cubanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario