El más
reciente estreno fílmico cubano, Conducta,
ha conmovido a los espectadores grandes y chicos, poque no sólo, como se dice,
ha puesto el dedo en la llaga, sino que también indica por dónde deben ir los
trabajos de reconstrucción de este sector tan importante.
Una de las conquistas sociales más reconocidas de Cuba,
desde 1959 hasta el 2013, es el desarrollo de la educación no sólo de sus
habitantes sino de jóvenes extranjeros que han cursado estudios en Cuba y la
colaboración de la Isla
fuera de sus fronteras. Pero no dejan de haber preocupaciones por las manchas
de ese sol.
Más de medio siglo de injusticia social prevaleciente
durante toda la república neocolonial no permitió entonces un cambio sustancial
en un país que con poco más de 6 millones de habitantes, tenía alrededor de un
millón de analfabetos en 1959.
Gracias a
la campaña de alfabetización, emprendida por 100 mil escolares, universitarios,
profesores y trabajadores que se integraron a esa labor en campos y ciudades,
el país logró disminuir el número de ciudadanos que no sabían leer y escribir
hasta el dos por ciento, proporción que le valió el reconocimiento de la UNESCO como “territorio
libre de analfabetismo”.
De esa
época es la frase del líder Fidel Castro: “Lee, no creas”. Entre las primeras
ediciones de la Imprenta Nacional
de Cuba estuvieron obras de la literatura universal como El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de
Cervantes y Saavedra, Los Miserables
de Víctor Hugo, Cecilia Valdés de
Cirilo Villaverde, El Siglo de las Luces
de Alejo Carpentier y La Edad de Oro de José Martí.
Gracias a
la revolución educacional, accedí yo en 1963 a un curso preparatorio de la Escuela de Ciencias
Políticas de la Universidad
de La Habana,
después de aprobar un examen de ingreso que incluyó preguntas de matemática,
español, historia y derecho internacional.
Para mí,
que no había cursado bachillerato, sino apenas una versión americanizada mucho
menos exigente, conocida como High School, fue todo un desafío. El haber
aprobado ese examen de ingreso lo debo a las hermanas Victoria, Caridad y Marta
De Brosse, toda una institución en la preparación de jóvenes para el ingreso a la Universidad o los exámenes
del pre-universitario en el barrio de Santos Suárez.
El Ché en 1963 en palabras pronunciadas ante profesores y
estudiantes de la
Universidad Central de Las Villas, llamó a que los centros de
educación superior se pintaran de negro, mulato, trabajadores, campesinos y de
mujeres.
De tres universidades existentes en el país hace 55 años,
hoy existen 67 instituciones de estudios superiores donde estudian más de 250
mil alumnos en 100 carreras. Otras 120 entidades de ciencia e innovación
tecnológica y otros centros, representados en todas las provincias y municipios
ofrecen cursos de nivel superior, según cifras oficiales.
El 64 por ciento de los graduados hasta 2011 eran mujeres,
señaló el ex ministro de Educación Superior y hoy Vicepresidente primero del
Consejo de Estado, Miguel Díaz- Canel.
Miles de
miembros del Ejército Rebelde fueron enviados a estudiar para vencer el sexto y
luego el noveno grado de instrucción. Se puso énfasis en la formación de
maestros y de todas las provincias fueron jóvenes entusiastas a la Escuela de Minas del Frío
en la Sierra Maestra,
que empezó a funcionar desde la lucha armada.
Pero los
planes del gobierno requerían con urgencia la multiplicación de centros de
educación a los distintos niveles y miles de profesores, provocando una caída
en el nivel de los maestros, formados en cursos “emergentes”.
La falta
de libros fuera de los textos y el menosprecio a la ortografía, fue
deteriorando el idioma hasta verse con frecuencia errores graves en la
escritura y la expresión oral de maestros, estudiantes y la sociedad en
general.
En algunos
casos, como el de mi nieta, a pesar de la preocupación de la familia, los
estudiantes se desinteresaron en alcanzar estudios superiores debido a la falta
de orientación profesional, el bajo nivel de profesores que mostraban tener
menos conocimientos que sus educandos y también, por qué no, el bajo nivel
salarial de los profesionales frente a los mayores ingresos que rendían los
oficios
Otra
medida que afectó la educación fue la de establecer salarios más altos para los
maestros emergentes que el de los profesores calificados, sin tener en cuenta
el nivel y los compromisos familiares de estos últimos.
La buena
intención martiana de acompañar el estudio y el trabajo en los niveles
secundario y preuniversitario se enfrentó a la falta de interés de los
estudiantes en labores agrícolas, cuyo fruto no veían o estaban mal dirigidas,
haciendo a las escuelas en el campo demasiado costosas para el Estado, por los
gastos en transporte, alimentación y habilitación de los alumnos, la mayoría de
procedencia urbana.
Luego se
produjo cierta recuperación en la disponibilidad de profesores con la
exhortación a maestros ya retirados a incorporarse de nuevo a las aulas,
pagándoles su salario además de la pensión de jubilados.
Durante
décadas, el reconocimiento social se había orientado casi exclusivamente a los
graduados universitarios y a los que triunfaban en el deporte, las artes y la
literatura, considerando inferiores al resto de las ocupaciones como los
oficios, el comercio, los contadores, financistas y personal de oficina.
Los
exámenes de ingreso a las universidades permitieron mantener el nivel adecuado
de conocimientos entre los nuevos ingresos, al tiempo que obligó a los que desaprobaron
a mirar hacia un futuro como obreros calificados, la computación, la enfermería
y técnicas de la salud, entre otras ocupaciones sedientas de mano de obra.
Por su
parte, el auge del trabajo por cuenta propia dio una nueva dimensión y
reconocimiento social a las actividades de chóferes, mecánicos, torneros,
carpinteros, reparaciones en general y constructores.
Los
institutos politécnicos y de oficios vuelven a florecer, se empiezan a ver más
recursos estatales destinados a estos centros de especialidades, con
laboratorios y talleres. Se relacionan más estrechamente las empresas con la
mano de obra que necesitan aún antes de graduarse.
La
enseñanza artística sufrió la misma suerte que los politécnicos. Sólo ahora
empiezan a tener instalaciones restauradas e insumos para desarrollar estas
carreras en la danza, el teatro, las artes plásticas y la música.
En el caso
de la formación de deportistas y profesores de educación física, la masividad
inicial sentó las bases de un desarrollo que llevó a Cuba a los podios
mundiales de premiación en juegos regionales, panamericanos y mundiales. La
selección de futuros atletas en la base declinó ante la falta de recursos y aunque
ahora se trata de rescatar esta política, esto se traduce en una carencia de
campeones en juegos internacionales.
La
educación especial para niños con retraso, autismo y discapacidades
físico-motoras, que ha sido objeto de reconocimientos al Estado cubano por las
Naciones Unidas, la UNESCO
y en todo el mundo, también sufrió los embates de la crisis y el bloqueo. En
este sentido es preciso reconocer también el paliativo que han significado las
donaciones de organizaciones religiosas, sociedades de inmigrantes y organismos
internacionales.
En esta
esfera tengo un caso muy cercano en mi vecina María Elena Duarte, cuyo hijo
mayor Marcos, nació con síndrome Down. Aparte de ser atendido por el servicio primario de salud, el niño fue a La Castellana, institución
que en el municipio de Diez de Octubre atiende esta y otras discapacidades
físico-motoras. Marcos aprendió a leer y escribir, alcanzando los conocimientos
de un escolar de primaria, mientras la madre recibe una pensión por el hijo, ya
que ella se dedicó por entero al cuidado de su niño.
María
Elena tuvo otro hijo sano con otra pareja, Carlos. Gracias al amor que ella ha
depositado en ambos y los consejos especializados de los educadores de La Castellana, Marcos es
un joven sociable, simpático, bailador. Tan es así que su curriculum forma
parte de una base de datos del Instituto Cubano del Arte e Industria
Cinematográfica (ICAIC) y ya ha actuado en dos cortometrajes: La Piscina y El Carro Azul.
Como resultado del desarrollo de la educación, con énfasis
en la formación de profesionales en el período 1960-2010, en diversos tipos de
cursos, desde los más tradicionales con estudiantes a tiempo completo en los
cursos diurnos, hasta diversas modalidades de cursos para trabajadores y cursos
de educación a distancia, en agosto de 2010 se superó la cifra de un millón de
graduados universitarios en el país.
Se puede considerar encomiable a una nación que no ha dejado
de estar, en igual período, acosada y bloqueada económicamente, azotada por devastadores
huracanes, entre otros problemas climáticos y políticas internas erradas,
Cuba tiene el 10 por ciento de su población con nivel universitario. Por otra
parte, la contratación de profesionales de alta calificación en el exterior, ha
hecho de este sector el que más divisas ingresa al país, seguido por la
biofarmacéutica, el níquel, el azúcar, los habanos y el ron.
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