Periodismo
de estos tiempos
A pesar de haber dedicado casi
medio siglo de mi vida a ejercer el periodismo, me considero incapaz de sentar
pautas o teorizar sobre la materia. Sin embargo, sí puedo expresar, por mi
experiencia, insatisfacción por la mediocridad y desidia que aún lacra esta
profesión en Cuba.
La base ética y de justicia
social que caracteriza el proceso cubano merece de los comunicadores la crítica oportuna, el enfoque objetivo y no apologista, para darle credibilidad al proceso de cambios, con sus aciertos y sus errores. Ocupar espacios
informativos con inmediatez para impedir que se difundan en medios internacionales versiones tergiversadas de la realidad cubana.
Por otra parte, de nada sirve
la voluntad y oficio de los periodistas si no hay una política consecuente que
estimule el cambio en este sector. Es necesario dejar en manos de los directores
de medios, que se presuponen escogidos por su alto nivel profesional y agudeza
política, la decisión de trasmitir o no una información.
El primer vicepresidente de los
Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, expresó el 8 de enero de
2014 que los organismos del Estado tienen su cuota de responsabilidad en las
dudas, incomprensiones y falta de información de la población al referirse a la
estrategia subversiva contra Cuba de parte del imperialismo, a lo que la
dirección de la Revolución presta una atención especial.
Otra parte de responsabilidad
le corresponde, dijo Díaz-Canel, a los medios de comunicación masiva, a los que
les falta mucho para ser una plataforma de debate de los problemas cotidianos
del país
La propiedad social sobre los medios
de prensa, como se estructura la comunicación en Cuba, debe identificarse como
el derecho de una sociedad organizada a tener esos medios, escribió Julio
García Luis (1942-2012), ex presidente de la UPEC y decano de la Facultad de Periodismo y
Comunicación Social.
Reconocer a la comunicación
como columna vertebral de la construcción de un modelo social consistente y
económicamente sustentable, es indispensable en la opinión de prestigiosos
periodistas cubanos, como Rosa Miriam Elizalde (directora del sitio web CubaSí)
y Raúl Garcés, actual decano de la
Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Habana.
Después
de su desaparición física, fue publicado el libro de García Luis (2013
Editorial Pablo de la
Torriente) “Revolución, Socialismo, Periodismo” que abrió
nuevos horizontes al quehacer profesional de la comunicación en Cuba. Como el
autor alerta, “un sistema político socialista que no genere un sistema de
prensa legítimo, a la larga no podrá a su vez ser legitimado por este y se
enfrentará a un peligro de crisis.”
En un
análisis realizado por Elizalde y Garcés, basado en encuestas realizadas en
todo el país, se redujeron a siete los defectos del sistema cubano de prensa,
que yo califico como los “Siete Pecados Capitales” contra los cuales es preciso
luchar para alcanzar la meta de un periodismo ágil, veraz y comprometido, que
además pueda competir profesionalmente con la gran prensa comercial.
SIETE PECADOS CAPITALES DE LA PRENSA EN CUBA
1.
Ocultamiento de la información (secretismo)
2.
Deficiente aplicación de la política informativa
3.
Agenda ciudadana mal representada
4.
Bajos salarios
5.
Baja conectividad y tecnología informática
6.
Graves limitaciones materiales y presupuestarias
7. Pérdida de la cultura profesional
Por otra parte, la comunicación
depende de una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones y no al
contrario, la solución de lo cual está en el ámbito político y no de la
comunicación, señala García Luis.
Un consultor de comunicación
corporativa en Estados Unidos, Fernando Pérez, opina que el periodismo
ciudadano es una oportunidad más que una amenaza. Y dice amenaza porque así ve
la industria norteamericana de la prensa escrita la proliferación de sitios
web, blogs y participación masiva de personas con algo que decir en las redes
sociales.
En el caso de Cuba, este
desbordamiento de informaciones, opiniones e historias que se trasmiten por
Internet podría ser visto como una oportunidad para llenar los vacíos que se
crean en nuestros medios con ese caudal de fuentes. Por supuesto que sólo
después de una rigurosa selección, se pueden escoger algunas informaciones
valiosas y confiables, capaces de enriquecer nuestros medios, tanto escritos,
radiales como televisivos.
Entre los proyectos de nuevos
espacios informativos podría valorarse la creación de medios de prensa más
cercanos a la comunidad de los barrios, porque la vida cultural, deportiva,
educacional, de los nuevos servicios que se abren a la población desbordan las
posibilidades de comunicación de los medios provinciales, para no hablar de los
nacionales.
Como coincidieron muchas voces
en el Noveno Congreso de la
Unión de Periodistas de Cuba en julio de 2013, este país no
carece de talento comunicacional, pero debemos exigirnos el estudio diario, la
especialización, la agudeza al hacer preguntas, investigar sin temer a las
consecuencias y la exactitud en la noticia. Sin ser imparciales, se puede ser
objetivos y alcanzar la excelencia con un enfoque diferente.
Desafortunadamente, hay
resistencia al cambio, asociada a los intereses creados durante décadas, tanto
entre periodistas, como entre quienes los dirigen e incluso en todo el aparato
estatal, principal fuente de información.
En ocasiones he escuchado a
dirigentes de la política informativa que hay en Cuba muy pocas áreas vedadas a
la actividad periodística, entre ellas quizás el sector energético, por la
carencia de esos recursos en el país, la defensa y las operaciones comerciales y
de inversiones que puedan ser interferidas por los tentáculos del bloqueo de
Estados Unidos.
Algunas veces se insiste en la rectificación de una informacion, pero esto casi nunca cumple su objetivo,
por eso es mejor hacerlo bien desde un principio.
Julio García Luis llamó en su
obra ya mencionada a “concebir a la prensa y a los periodistas como los sujetos
principales de las transformaciones (en Cuba), que deben ser empoderados para
llevarlas adelante, poniendo en juego sus conocimientos, experiencia y sentido
profesional de lo que debe hacerse y cómo lograrlo”. Es preciso que cada cual
cumpla su papel en este proceso.
El autor precisó: al Partido
(Comunista de Cuba) le corresponde orientar, conducir y controlar; al Estado
proporcionar el marco legal de actuación de la prensa; al gobierno y sus
dependencias por ser parte de la dirección del sistema social y en particular,
de las fuentes de información y a todas las organizaciones sociales, como
actores del proceso de comunicación en todos los sentidos.
Coincido plenamente con García
Luis en que la prensa cubana requiere “que se restablezca en lo esencial un
marco de actuación similar al que ella dispuso durante los primeros años de la Revolución socialista,”
que se le reintegre el poder necesario para cumplir su misión social.
Asimismo es necesario
diversificar los géneros periodísticos, según el medio del que se trate. Uno que
se ha perdido casi totalmente es el debate público entre personalidades o
expertos del tema que se trate. Referente en este sentido fue el sostenido en
la revista Bohemia entre Carlos Rafael Rodríguez y Euclides Vázquez Candela. En
la polémica puede estar la solución de muchos problemas de la sociedad actual. Un
ejemplo de la realidad de hoy podría ser la conveniencia o no de promover los
cultivos transgénicos.
En síntesis, que se requiere de
poder político, moral, legal y práctico para que la prensa acceda por sí misma
a la información pública dondequiera que ella esté, elaborándola y
difundiéndola con estándares profesionales y éticos elevados.