viernes, 7 de febrero de 2014


Periodismo de estos tiempos
A pesar de haber dedicado casi medio siglo de mi vida a ejercer el periodismo, me considero incapaz de sentar pautas o teorizar sobre la materia. Sin embargo, sí puedo expresar, por mi experiencia, insatisfacción por la mediocridad y desidia que aún lacra esta profesión en Cuba.
La base ética y de justicia social que caracteriza el proceso cubano merece de los comunicadores la crítica oportuna, el enfoque objetivo y no apologista, para darle credibilidad al proceso de cambios, con sus aciertos y sus errores. Ocupar espacios informativos con inmediatez para impedir que se difundan en medios internacionales versiones tergiversadas  de la realidad cubana.
Por otra parte, de nada sirve la voluntad y oficio de los periodistas si no hay una política consecuente que estimule el cambio en este sector. Es necesario dejar en manos de los directores de medios, que se presuponen escogidos por su alto nivel profesional y agudeza política, la decisión de trasmitir o no una información.
El primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, expresó el 8 de enero de 2014 que los organismos del Estado tienen su cuota de responsabilidad en las dudas, incomprensiones y falta de información de la población al referirse a la estrategia subversiva contra Cuba de parte del imperialismo, a lo que la dirección de la Revolución presta una atención especial.
Otra parte de responsabilidad le corresponde, dijo Díaz-Canel, a los medios de comunicación masiva, a los que les falta mucho para ser una plataforma de debate de los problemas cotidianos del país
La propiedad social sobre los medios de prensa, como se estructura la comunicación en Cuba, debe identificarse como el derecho de una sociedad organizada a tener esos medios, escribió Julio García Luis (1942-2012), ex presidente de la UPEC y decano de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social.
Reconocer a la comunicación como columna vertebral de la construcción de un modelo social consistente y económicamente sustentable, es indispensable en la opinión de prestigiosos periodistas cubanos, como Rosa Miriam Elizalde (directora del sitio web CubaSí) y Raúl Garcés, actual decano de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Habana.
Después de su desaparición física, fue publicado el libro de García Luis (2013 Editorial Pablo de la Torriente) “Revolución, Socialismo, Periodismo” que abrió nuevos horizontes al quehacer profesional de la comunicación en Cuba. Como el autor alerta, “un sistema político socialista que no genere un sistema de prensa legítimo, a la larga no podrá a su vez ser legitimado por este y se enfrentará a un peligro de crisis.”
En un análisis realizado por Elizalde y Garcés, basado en encuestas realizadas en todo el país, se redujeron a siete los defectos del sistema cubano de prensa, que yo califico como los “Siete Pecados Capitales” contra los cuales es preciso luchar para alcanzar la meta de un periodismo ágil, veraz y comprometido, que además pueda competir profesionalmente con la gran prensa comercial.
                          SIETE PECADOS CAPITALES DE LA PRENSA EN CUBA
1.                     Ocultamiento de la información (secretismo)
2.                    Deficiente aplicación de la política informativa
3.                   Agenda ciudadana mal representada
4.                   Bajos salarios
5.                   Baja conectividad y tecnología informática
6.                  Graves limitaciones materiales y presupuestarias
7.                  Pérdida de la cultura profesional
Por otra parte, la comunicación depende de una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones y no al contrario, la solución de lo cual está en el ámbito político y no de la comunicación, señala García Luis.
Un consultor de comunicación corporativa en Estados Unidos, Fernando Pérez, opina que el periodismo ciudadano es una oportunidad más que una amenaza. Y dice amenaza porque así ve la industria norteamericana de la prensa escrita la proliferación de sitios web, blogs y participación masiva de personas con algo que decir en las redes sociales.
En el caso de Cuba, este desbordamiento de informaciones, opiniones e historias que se trasmiten por Internet podría ser visto como una oportunidad para llenar los vacíos que se crean en nuestros medios con ese caudal de fuentes. Por supuesto que sólo después de una rigurosa selección, se pueden escoger algunas informaciones valiosas y confiables, capaces de enriquecer nuestros medios, tanto escritos, radiales como televisivos.
Entre los proyectos de nuevos espacios informativos podría valorarse la creación de medios de prensa más cercanos a la comunidad de los barrios, porque la vida cultural, deportiva, educacional, de los nuevos servicios que se abren a la población desbordan las posibilidades de comunicación de los medios provinciales, para no hablar de los nacionales.
Como coincidieron muchas voces en el Noveno Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba en julio de 2013, este país no carece de talento comunicacional, pero debemos exigirnos el estudio diario, la especialización, la agudeza al hacer preguntas, investigar sin temer a las consecuencias y la exactitud en la noticia. Sin ser imparciales, se puede ser objetivos y alcanzar la excelencia con un enfoque diferente.
Desafortunadamente, hay resistencia al cambio, asociada a los intereses creados durante décadas, tanto entre periodistas, como entre quienes los dirigen e incluso en todo el aparato estatal, principal fuente de información.
En ocasiones he escuchado a dirigentes de la política informativa que hay en Cuba muy pocas áreas vedadas a la actividad periodística, entre ellas quizás el sector energético, por la carencia de esos recursos en el país, la defensa y las operaciones comerciales y de inversiones que puedan ser interferidas por los tentáculos del bloqueo de Estados Unidos.
Algunas veces se insiste en la rectificación de una informacion, pero esto casi nunca cumple su objetivo,
 por eso es mejor hacerlo bien desde un principio.
Julio García Luis llamó en su obra ya mencionada a “concebir a la prensa y a los periodistas como los sujetos principales de las transformaciones (en Cuba), que deben ser empoderados para llevarlas adelante, poniendo en juego sus conocimientos, experiencia y sentido profesional de lo que debe hacerse y cómo lograrlo”. Es preciso que cada cual cumpla su papel en este proceso.
El autor precisó: al Partido (Comunista de Cuba) le corresponde orientar, conducir y controlar; al Estado proporcionar el marco legal de actuación de la prensa; al gobierno y sus dependencias por ser parte de la dirección del sistema social y en particular, de las fuentes de información y a todas las organizaciones sociales, como actores del proceso de comunicación en todos los sentidos.
Coincido plenamente con García Luis en que la prensa cubana requiere “que se restablezca en lo esencial un marco de actuación similar al que ella dispuso durante los primeros años de la Revolución socialista,” que se le reintegre el poder necesario para cumplir su misión social.
Asimismo es necesario diversificar los géneros periodísticos, según el medio del que se trate. Uno que se ha perdido casi totalmente es el debate público entre personalidades o expertos del tema que se trate. Referente en este sentido fue el sostenido en la revista Bohemia entre Carlos Rafael Rodríguez y Euclides Vázquez Candela. En la polémica puede estar la solución de muchos problemas de la sociedad actual. Un ejemplo de la realidad de hoy podría ser la conveniencia o no de promover los cultivos transgénicos. 
En síntesis, que se requiere de poder político, moral, legal y práctico para que la prensa acceda por sí misma a la información pública dondequiera que ella esté, elaborándola y difundiéndola con estándares profesionales y éticos elevados.

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