Del dinero y la suerte
El dinero es factor
ineludible de nuestras vidas, los que lo priorizan veneran un
atractivo anuncio bancario que decía: “El dinero no trae felicidad, pero ayuda
a sufrir en París.”
Claro que toda persona sueña
tener todas sus necesidades y las de su familia satisfechas, dejarle a sus
descendientes un patrimonio, pero el comportamiento humano tiende siempre a querer
superar sus propias expectativas.
Muchos humanos acaudalados con bienes
“para comer y para llevar”, darían lo que fuera por tener salud, o amor, una
familia o amigos verdaderos que lo sean en los buenos y en los malos tiempos. Lo
que importa es el orden de prioridad que este factor ocupe en nuestras vidas.
A veces la satisfacción que
sienten las personas realizadas profesionalmente con su trabajo, pone en
segundo plano la remuneración que reciben. Un médico siente más amor por su
profesión cuando salva las vidas de sus pacientes, como los ingenieros y
arquitectos de crear obras que los harán orgullosos de su trabajo porque dejan una
huella que perdurará más allá de sus propias vidas.
En el campo del amor también
hay personas que buscan hacer “matrimonios de conveniencia”, mientras los más
inteligentes no se conforman sino con el amor verdadero.
Hay personas cuya obsesión por
acumular más dinero y poder les impide disfrutar de lo verdaderamente importante y gratuito, como lo pueden ser respirar
el aire de mar, beber de un manantial, oler el perfume de una flor, jugar con
sus hijos, apreciar la buena música o emocionarse con una pintura, una puesta
de sol o un amanecer junto al ser amado.
Nada de lo antes dicho impide
que los trabajadores luchen por obtener mejores salarios, ni que los padres y
madres se esfuercen por mejorar las condiciones de vida de sus familias. Por todo esto es preciso aprovechar todas
las oportunidades que nos brinda el corto espacio que nos toca vivir para
disfrutar nuestro trabajo, el amor, la familia y la naturaleza.
Por otra parte, muchas personas acostumbran a
quejarse de su mala suerte en la vida. Y siempre he pensado que, con excepción
de accidentes o enfermedades que provoquen la muerte de seres queridos, la
mayoría de las veces el problema real que aqueja a los humanos es el no
percibir o no arriesgarse a aprovechar las oportunidades que la vida les
presenta.
Ejemplos de estas oportunidades
incluyen ofertas de trabajo, posibilidades de estudio, amores que tocan a
nuestra puerta, pero que una ceguera, quizás hasta momentánea, de la
personalidad impide al sujeto alargar su mano para aceptarlas.
En mi experiencia personal, por
ejemplo, sucedieron encrucijadas en mi vida cuando debí escoger si tomar la
oportunidad o seguir el mismo camino que llevaba. Reconozco que esas decisiones
se hacen más difíciles con la edad, pero siempre se debe hacer, mentalmente o
por escrito, una lista de los pros y los contras, o incluso seguir nuestros
propios instintos.
También se me han presentado
señales falsas al tomar una decisión, pero estos errores ayudan a no
tropezar con la misma piedra en otra ocasión. Una cosa distinta son los
sentimientos, sobre los que uno se confunde a veces, dejándose llevar por la
pasión, hasta reconocer que tomamos la ruta equivocada. Cambiar el rumbo no es
fácil, pero muchas veces no hacerlo trae consecuencias peores.
En cuanto a la suerte con
respecto al dinero, es preciso recordar que los juegos de azar para las
personas que carecen de lo esencial para vivir es un asidero del sueño que pueden ser
favorecidos algún día por un golpe de suerte, pero salvo los casos de jugadores
compulsivos, casi siempre los que más tienen para derrochar son menos proclives
a tirar sus riquezas en una apuesta o una mesa de casino.
La fortuna está mucho más cerca
de nosotros de lo que se piensa. Para el laborioso y emprendedor, un pequeño
negocio que pueda seguir creciendo; para el innovador, patentar un
descubrimiento o cambio en un proceso industrial, que le proporcione la satisfacción
y el orgullo de la realización personal a la vez que una recompensa material El “cazafortunas”, sin embargo,
persigue una ilusión que no tiene bases reales para materializarse.
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